Para mí, la música no es una forma de expresarme.
Es una forma de sobrevivir.
Una forma de vivir.
Solo en el escenario siento la vida de verdad:
el pulso, el riesgo, el movimiento, la verdad.
Fuera del escenario, el mundo parece volverse más silencioso.
En el escenario, todo cobra realidad.
No traduzco mis sentimientos en palabras.
Dejo que el instrumento hable por mí.
Ahí es donde vive mi voz.